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3 poemas de Heslaya

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Heslaya Álvarez tiene 19 años y es estudiante de técnico en enfermería en la isla de Chiloé. Desde siempre le gustó leer y escribir “como una forma de refugiarme ante lo que me corrompe”, como explica. De esta forma plasma la esencia de sus vivencias y emociones. Aquí te dejamos 3 poemas de esta colaboradora Brava.

Poema 1.


Hola mi nombre es Ailed y esta es nuestra historia.
Nacimos hace años y
morimos desde siempre.

Recuerdo que las flores solían consolarme
mientras mi padre violentaba al amor de mi alma.

La primera vez que nos conocimos
estábamos a solas, muriendo de hipotermia.

Ella me envolvió y desde entonces nos
protegemos…
sí, nos protegemos;
de la lluvia
de los gritos
del frío
de los golpes.

Fuimos tú y yo, en todas las vidas
siendo presas de alguien sin compasión
encarceladas en paredes
que gritaban nuestro dolor.

Nos silenciaron un doce de marzo
un quince y
un veinte…
ocurrió mientras dormíamos
sucedió en nuestro auto
y también entre las llamas.

Pero volvimos a renacer
en las voces de nuestras hermanas
estamos en sus ojos, apreciando la lucha
que dictamos y también en la risa de los hijos que
dejamos.

Morimos hace años y florecemos desde siempre…

Poema 2

No me digas que no soy capaz de algo
porque he amado en tiempos de decadencia
y me he aferrado a lo inagotable.

Estoy aquí perdonándote ante cualquier instinto
he aguardado por ti, creo que desde siempre.

Entonces no me trates de ofender
porque tus palabras ilusas, son débiles

Mírame y aprende de lo indeble
convierte en tu referente…

Aunque mejor podemos ser compañeros
pero no me dispares con tus palabras
que antes de atravesarme pierden su veracidad
y se desvanecen.

Pero por favor no me digas cosas que otros ya me recalcaron
no me digas cómo manejar lo que ocurre en mí
no me digas, no me digas, no me digas.
Porque la verdad, es que soy impermeable
a tus filos sigilosos.

Poema 3.

Venía de zonas destruidas
de una familia disfuncional
y sabía más de golpizas que de abrazos.

Estuvo entre miles de personas
visitó un sinfín de hogares
pero nadie supo ver más allá de ese niño en ruinas.

Un día nos topamos en la esquinita del barrio
me contaste tus sueños de ser alguien bueno
que querías escribir y contarle a tus hijos
los dolores de este mundo en poemitas.

Y mientras me sostenías
como un cofre en donde poner tus anhelos
Yo sonreía, sonreía tanto contigo…

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