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Una de nuestras periodistas en Revista Bravas, escribió su primera experiencia con el estimulador de clítoris, Satisfyer, que ha causado revolución en el mercado de los juguetes sexuales. Con bastante incredulidad y lejanía, quiso probar este producto que asegura hacer estallar a las mujeres en orgasmos y que ha sido bastante controversial dentro de los debates feministas.

Sostengo el Satisfyer Pro 2 Next Generation. Es la primera vez que tengo un juguete sexual en mis manos. Quizá ese asunto de dildos brillantes y venosos me espanta un tanto. O tal vez porque una siendo estudiante de periodismo tampoco puede darse tantos lujos. 

Quizá lo más absurdo de la situación no es que tenga un estimulador de clítoris, sino que escriba públicamente mi experiencia con uno.  Si la escritura es un asunto de intimidad, supongo que estoy llevándolo al extremo al hacer una bitácora de mi primer orgasmo con un aparato tecnológico. 

De todas formas, no me molesta. Entre tantos comentarios, valoraciones y artículos sobre el Satisfyer, decidí sumergirme en una investigación en primera persona sobre este estimulador. Bastante escéptica y crítica respecto a esta fiebre del Satisfyer, quise desentrañar e ir hacia el fondo del asunto. Es decir, no quería escribir algo poco auténtico que pudiese encontrarse en cualquier sitio web ni hacer un altar sin antes conocer al Dios al que se le está rezando. 

Es por eso que al momento de tener uno, me tragué los cientos de artículos copy-paste de internet, e incluso, me esforcé en buscar a las opositoras de este juguete que afirma ser la próxima “revolución sexual femenina”.  Y cómo no, también lo probé, porque una es profesional y comprometida con la causa.  

Fotografía del Satisfyer en un fondo dorado realizada por Revista Bravas.
Fotografía del Satisfyer en un fondo dorado realizada por Revista Bravas.

Encendido

Me acuesto a lo largo de la cama. Intento mantener mi mente en blanco, pero resulta casi imposible si tengo al lado este artilugio rosado. Me empiezo a reír de los nervios. Según información de internet, puedo tener un orgasmo en menos de cinco minutos utilizando el Satisfyer. Parece tan poco creíble que me enciende aún más saber que ocurrirá. 

Leo el manual. Veo los dibujos explicativos. Es tan simple como abrir mis piernas, ubicar mi clítoris y encender el aparato. Pero por alguna razón, pareciera tratarse de un viaje sin retorno del que aún no sé si estoy lista para despegar. 

Fotografía apretando el botón encendido del Satisfyer, realizada por Revista Bravas.
Fotografía apretando el botón encendido del Satisfyer, realizada por Revista Bravas.

Selecciono música de mi Spotify.  No sé si debo pensar en algo que me excite o me dejo llevar. Ambas opciones son igual de difíciles, considerando que mi mente es una jaula de pensamientos repetitivos e incongruentes. 

Ahora doy espacio a un único pensamiento y es que no tengo idea de cuando fue mi último orgasmo. Menos del último realizado por mi cuenta. Creo que estoy asumiendo una realidad que no había sido consciente hasta ahora: el abandono propio. 

Me transformé en una especie de máquina parlanchina sin mayores emociones y deseos hacia sí misma. Me abstengo a ser funcional, a cumplir con lo solicitado y todo lo demás, lo mantengo bajo llave. 

Suena The First Taste de Fiona Apple. Si algo me tranquiliza, es que no debo introducir nada. Así que me bajo los calzones y lo enciendo. Pienso que es tiempo quizá de revertir la situación. De experimentar por primera vez algo que sale de mi zona de confort. 

God Is A Woman

La primera vez que leí la palabra “succionador de clítoris”, creí que se trataría de un objeto que abduciría y estrujaría mi órgano sexual. Obviamente, no fue muy atractiva la idea y me mantuve bastante desconfiada del funcionamiento de este producto.  

No obstante, al encender el Satisfyer y para mi sorpresa, no existe una succión como tal. Es como si existieran oleadas de viento que rozan tu clítoris. No es incómodo ni detestable. Resulta incluso, bastante atrapante ya que es una sensación desconocida y no explorada.

En muchos artículos advertían que las mujeres no pasaban del quinto nivel de velocidad. Así que aumento la velocidad a dos. Aún incrédula,  disfruto del momento y como si fuera un juego, le doy a más velocidad. A pesar de que suena más de lo que creía, dudo que se escuche fuera de estas cuatro paredes. 

No sé cómo ni cuándo, pero entro al clímax. El tiempo parece estirarse y detenerse. Mi respiración se agita. Ya no importa si el Satisfyer es un vil producto del capitalismo y el marketing, solo quiero que continúe. 

Al parecer volví a reencontrarme con mis extremidades

Tengo un orgasmo. Siento mis palpitaciones recorriendo todo mi cuerpo.  Cierro los ojos y me largo a reír. Al parecer volví a reencontrarme con mis extremidades. Cuando ya soy consciente de lo sucedido, me percato que The First Tate está en sus últimos segundos de duración y quedo con la boca abierta. Efectivamente estoy dentro del porcentaje de mujeres que tienen un orgasmo en menos de cuatro minutos

Fotografía de una mujer con un Satisfyer, realizada por Revista Bravas.
Fotografía de una mujer con un Satisfyer, realizada por Revista Bravas.

¿Mujeres anorgásmicas? 

La sensación es adictiva. Tras vivir tu primera experiencia con el Satisfyer, sientes que pasarás pegada a él y saldrás por las noches a rendirle culto. Pero luego de unos días, te calmas y sientas cabeza. 

¿Qué rescato del Satisfyer? Su efectividad, lo higiénico que es y que sea un producto pensado en mujeres. No necesitamos de dildos de 40 centímetros si nuestra fuente de orgasmos viene del clítoris, órgano sexual que solo funciona para darnos placer. 

Nos recuerda que las mujeres somos clitóricas. Un punto que a veces se nos olvida. “Es que las mujeres se demoran en irse”, es una frase que hemos escuchado bastante a lo largo de nuestra vida. Pero lo cierto, es que las mujeres no somos el problema, sino las parejas sexuales que no tienen en consideración el funcionamiento de nuestra anatomía. 

Recuerdo muchas veces pensar que tenía un problema al no poder experimentar un orgasmo con mis parejas sexuales. Incluso, una vez un poco ebria le lancé esta bomba a un hombre con el que salí por unos meses. 

Él, sorprendido, se quedó casi mudo. Estaba seguro que me había proporcionado cantidades de orgasmos que nunca existieron. Por mi parte, estaba feliz de haber atravesado su masculinidad con una simple frase. Fue casi como un asesinato en vivo y directo.  

La brecha orgásmica en mujeres, sobre todo heterosexuales, es un factor alarmante. El 65% de las veces que mantienen relaciones sexuales logran llegar al clímax. Algo que no es tan tirado para las mechas si consideramos la sociedad falocéntrica en la que habitamos. 

¿Altar al Satisfyer?

Los comentarios cinco estrellas y afirmaciones de mujeres que el Satisfyer les cambió la vida, abundan en internet. Sin importar el portal que sea, las evaluaciones son tan positivas, que enseguida crees que la próxima revolución será con un estimulador de clítoris en la mano. Pero calma pequeña saltamontes, recordemos que se trata de un juguete sexual.

Cuando me preguntan qué significó para mí utilizar el Satisfyer, respondo que es una puerta al autodescubrimiento. Ni más ni menos. Un viaje del que estoy agradecida haber abordado. A pesar de que confirmé que no era yo el problema, aún falta mucho camino por recorrer. Lo único de lo que estoy segura, es que encontré un espacio tan íntimo y provechoso conmigo, que no quiero volver a perderlo. Sea con o sin Satisfyer. Esa es la máxima victoria. 

Existen opiniones bastantes duras de  sectores feministas que han advertido del Satisfyer como un producto capitalista y patriarcal. Negarlo sería ilógico porque claro, vivimos en un contexto, donde el placer es algo rentable en el que debes invertir dinero. 

Todas las críticas y cuestionamientos son bienvenidos. Ampliar nuestros horizontes y poner en duda nuestras acciones es un deber feminista diario. Es por ello, que aceptar que a veces tenemos contradicciones no nos hace menos feministas, sino humanas. 

Satisfyer como opción

A mi parecer, que existan estas opiniones de que los juguetes sexuales son objetos que impiden tocarnos, que reproducen nuestra cosificación y el fast-orgasm, tiene bastante sentido. También lo pensé y quise posicionarme al respecto. 

Como feministas debemos dejar de atribuir el feminismo a cada producto nuevo que sale al mercado

¿Y qué concluí? No debemos cerrarnos al Satisfyer ni atribuirle un valor superior al que pueden hacer nuestras manos. Como feministas debemos dejar de atribuir el feminismo a cada producto nuevo que sale al mercado. El satisfyer no es feminista, como tampoco lo son las camisetas con frases de empoderamiento. Si los utilizamos o no, depende de nosotras y nuestras ganas. Separar las aguas es lo más lógico y sano.

¿Con qué me quedo? Descubrirnos y probar nuevas sensaciones con nosotras mismas y en soledad, es algo que no deberíamos privarnos de vivir. Las barreras y muros se caen. Como también, las poses ridículas y nuestra preocupación por el placer del otro,  desaparecen. Saber que el placer viene de nosotras y que ningún hombre puede superar esa ventaja, es algo absolutamente poderoso, y por qué no, poético. 

Al menos por unos segundos, se te olvida que vivimos en un patriarcado.

Fotografía de Satisfyer en mano
Fotografía de Satisfyer en mano
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